Adscrita a Gratuidad

Un nuevo estudio del Centro de Investigación en Cognición e Inclusión para la Alfabetización Académica en Educación Superior (CIPAES), fue publicado en Frontiers in Communication, en donde se analiza cómo personas autistas y neurotípicas evalúan palabras emocionales en español. La investigación, liderada por Felipe von Hausen (CIPAES-UDLA) junto a María Josefina Larraín-Valenzuela (UDD), Benjamín Cárcamo (CIPAES-UDLA) y Natalia Salgado-Obregón (CIPAES-UDLA), constituye uno de los esfuerzos sistemáticos en Latinoamérica para entender las diferencias en la construcción del significado emocional según neurotipo.

El equipo trabajó con 131 adultos en Chile, quienes evaluaron 238 sustantivos en seis dimensiones afectivas (valencia, activación, ansiedad, depresión, ira y frecuencia subjetiva). Los resultados son claros: el neurotipo influye directamente en cómo se interpreta la carga emocional de las palabras.

Las personas autistas tendieron a asignar mayor intensidad emocional a términos concretos, sensoriales o vinculados a experiencias corporales internas —como inquietud, insomnio, ansia, ducha o jarrón— incluso cuando estos no son considerados emocionalmente “fuertes” en normas lingüísticas tradicionales. En contraste, palabras socialmente valoradas o culturalmente positivas, como felicidad, admiración o soledad, fueron evaluadas con mayor intensidad por personas neurotípicas, aun cuando son conceptos más abstractos y menos ligados a sensaciones directas.

El estudio muestra que para muchas personas autistas, una palabra positiva no necesariamente es una palabra significativa. Términos como felicidad pueden sentirse demasiado amplios, difusos o socialmente construidos para generar una resonancia emocional fuerte, mientras que palabras que evocan sensaciones corporales o estados internos concretos —aunque no sean positivas— pueden percibirse como más auténticas o emocionalmente relevantes.

Felipe von Hausen, investigador CIPAES y autor principal del estudio, señaló que, “Muchas veces se asume que las palabras positivas —como felicidad— conectan emocionalmente con todas las personas por igual. Nuestros datos muestran que para muchas personas autistas, esas palabras no son tan significativas como términos más concretos y corporales. Esto no es un déficit: es otra forma válida de sentir y de entender el mundo”.

Respecto de la relevancia del estudio para los objetivos del Centro CIPAES, Benjamín Cárcamo, director y co-autor del artículo, afirmó que, “Los hallazgos son clave para el trabajo de CIPAES, porque nos ayudan a diseñar prácticas de comunicación y enseñanza más inclusivas y respetuosas en educación superior”.

Estos hitos aportan evidencia empírica a lo que distintas comunidades neurodivergentes han señalado por años: la forma en que experimentamos, sentimos y nombramos las emociones no es universal. Esta diversidad tiene profundas implicancias para la educación, la salud mental y la comunicación interpersonal.