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Rocío Guerrero, académica de las carreras de Arquitectura y Diseño de Universidad de Las Américas, presenta la exposición “El archivo de la decepción” en el Museo de Arte Contemporáneo del Parque Forestal. A través de un artefacto denominado Afectógrafo, la muestra explora la relación entre cuerpo, memoria y emoción, invitando a personas a compartir experiencias de decepción que se traducen en registros gráficos y relatos breves.

El origen de este proyecto se remonta a 2015, cuando Guerrero creó este dispositivo compuesto por un collar metálico que registra el movimiento involuntario del cuerpo mediante la presión de un lápiz sobre papel. Durante encuentros íntimos, la herramienta capta los impulsos físicos que emergen al evocar recuerdos significativos, dando lugar a dibujos y frases que condensan cada experiencia.

El cuerpo ha sido un elemento central en mi trabajo. Mi investigación se ha enfocado en los afectos, entendiendo que estos se experimentan a través del cuerpo, que es el medio por el cual somos afectados y afectamos nuestro entorno”, explicó Guerrero.

Asimismo, agregó que “al invitar a las personas a compartir sus experiencias de decepción, se genera un espacio íntimo en el que procuro ser lo más respetuosa posible con sus relatos, con el objetivo de que se sientan escuchadas”.

La muestra, que estará abierta al público hasta el 14 de junio, cuenta con la curaduría de la editorial y librería Naranja Publicaciones. Además, participaron los académicos de la carrera de Arquitectura de UDLA, Nicolás San Martín y Catalina Cárcamo.

Las temáticas que emergen en la exposición provienen de las experiencias compartidas por las personas que han interactuado con el Afectógrafo, abarcando ámbitos como lo académico, la amistad, lo burocrático, lo circunstancial, lo comunicacional, lo familiar, lo laboral, lo migratorio, la muerte, lo político, el romance, lo sexual, lo social y la dimensión del yo.

Ha sido importante desarrollar una escucha atenta, respetuosa y libre de prejuicios, que permita ofrecer un espacio seguro. Este ha sido un proceso consciente, en el que he reflexionado sobre cómo generar mejores condiciones para que las personas se sientan escuchadas”, detalló la académica.

Valoro profundamente la apertura de las personas al compartir experiencias personales, muchas veces con alguien que no conocen. En ese encuentro se genera una intimidad significativa, que también implica, de mi parte, estar disponible para recibir lo que la otra persona quiera entregar, sin exigir nada más allá de eso”, finalizó.