Estas en: Noticias institucionales 10 años del Óscar: Gabriel Osorio y Pato Escala reflexionan sobre el impacto de Historia de un Oso
Publicado el 2 de marzo de 2026
El 28 de febrero de 2016, Historia de un oso (Bear Story) marcó un hito al convertirse en la primera producción chilena en ganar un Premio Óscar, tras obtener la estatuilla a Mejor Cortometraje Animado.
La obra construye una alegoría sobre el exilio político y está inspirada en la historia real del abuelo de su director, Gabriel Osorio, Leopoldo Osorio, quien fue arrestado y posteriormente exiliado tras el golpe de Estado de 1973.
La trama sigue a un viejo oso que cada día instala en una esquina un pequeño teatro mecánico construido por él mismo, a través del cual relata su tragedia: el secuestro por parte de un circo, la separación forzada de su familia y la esperanza persistente de reencontrarse con sus seres queridos.
En esta entrevista, Gabriel Osorio y Pato Escala, director y productor del cortometraje y fundadores de Punkrobot, reflexionan sobre el impacto de este logro, el camino recorrido por la animación chilena en la última década y el papel que ha desempeñado la colaboración sostenida con Universidad de Las Américas en la formación de nuevos talentos y en el fortalecimiento de la industria.
Desde la sorpresa inicial hasta la consolidación de una identidad narrativa propia, los realizadores analizan cómo sus proyectos han contribuido a posicionar a Chile en el escenario global y a proyectar la animación nacional hacia nuevos desafíos internacionales.
¿Cómo recuerdan ese momento y qué significó para ustedes subir al escenario a recibir el premio?
Pato: Yo creo que fue una sorpresa total. No lo esperábamos. En ese minuto, uno primero se sorprende y después se concentra al máximo, porque entiende que está representando no solo a la animación chilena, sino también a la animación latinoamericana e incluso al país completo. Fue súper inesperado, pero no porque no creyéramos en nuestro trabajo, sino porque nadie lo había recibido antes.
Gabriel: Ningún chileno ni latinoamericano en animación había recibido un Oscar antes. Entonces uno piensa: ¿cómo voy a ser yo el primero?, ¿cómo vamos a ser nosotros los primeros? Es algo medio increíble. Por eso no lo esperábamos. Fue súper emocionante y a mí me tomó un tiempo aceptarlo, asumir que efectivamente fuimos los primeros chilenos en recibir un Oscar en animación para Latinoamérica.
¿Cuál fue el impacto de recibir este premio para el equipo y para la industria de la animación? ¿Cuándo tomaron conciencia del impacto que tuvo?
Pato: Creo que teníamos conciencia, incluso antes de ganar, del impacto que podía generar, porque un reconocimiento como el Oscar, que es el más conocido a nivel mundial, posiciona el trabajo que estábamos haciendo como productora. Pero todo lo que pasó después, el nivel de exposición en medios, fue algo que no esperábamos. Pienso que ayudó a que la gente se diera cuenta de que en Chile se está haciendo animación de calidad. Y no solo por nosotros; hay otras productoras que partieron antes.
Gabriel: Yo lo dimensioné cuando volvimos a Chile. Cuando nos bajamos del avión y nos llevaron directo a La Moneda a reunirnos con la Presidenta Bachelet, y tuvimos la posibilidad de conversar con ella sobre animación y sobre lo que hacemos todos los días, ahí te das cuenta de que este premio realmente nos abrió puertas. Como decía el Pato, visibilizó la animación, fue un antes y un después.
Pato: De esa misma reunión surgió algo importante. El gremio de animación llevaba tiempo impulsando la separación de la categoría de animación dentro de los fondos públicos, diferenciándola de ficción. Lo reforzamos en esa reunión y logramos que ese mismo año se ejecutara un plan que veníamos presentando desde hacía varios años. Hubo cambios en las bases de los fondos, ni siquiera en políticas públicas, sino en las bases, que permitieron que hoy se estén preproduciendo seis o siete largometrajes, cuando antes se hacía uno.
Eso es increíble. Personas de otras productoras nos han comentado que lo positivo que ocurrió después del Oscar no fue solo para nosotros como Punkrobot o como Universidad de Las Américas, sino para todo el sector de animación. Y eso llena de orgullo: pensar que ayudamos a que esta industria siga creciendo.
Sobre la temática, que aborda un período que ha marcado al país durante décadas, ¿cómo construyeron la narrativa para transmitir estos temas desde lo visual?
Gabriel: Para mí siempre ha sido fundamental trabajar desde la metáfora, algo que la animación hace muy bien por naturaleza. Tomar un mensaje y encontrar qué es lo central, y quedarse con el núcleo. En el caso de Historia de un Oso, el centro son los derechos humanos.
Y los derechos humanos no pertenecen a ningún partido ni ideología, son de todos los seres humanos. Eso es lo que buscamos con Punkrobot. Aunque el hecho que inspira la historia tiene que ver con la historia política de Chile, lo que rescatamos son mensajes humanos: la familia, lo que está detrás, algo más simple y con lo que es más fácil empatizar. Todos tenemos familia, todos hemos perdido a alguien alguna vez.
¿Qué legado queda para las nuevas generaciones?
Pato: Han pasado solo diez años, así que no hablaría de un legado de Historia de un Oso todavía, no estamos tan viejos, pero sí me parece súper significativo que la alianza académica que tenemos con la Universidad ya lleva 18 años. Hemos trabajado juntos en proyectos desde Flipos , nuestra primera serie, hasta Historia de un Oso, que dio este primer reconocimiento a la animación latinoamericana desde la Academia estadounidense. Ahora Wow Lisa, con su premio Annie, y nuestra primera película que esperamos mostrar pronto. Creo que esta alianza se consolida como un caso de éxito dentro de la industria cultural creativa del país y de Latinoamérica.
No hay muchos ejemplos de trabajo conjunto entre academia y productora que hayan logrado tanto. Y eso tiene trascendencia, porque estudiantes, no solo de nuestra Universidad, sino de otras, pueden participar en los proyectos que realizamos.
Gabriel: Esta relación con la academia ha sido fundamental, porque estamos generando una manera propia de hacer animación.
Puedes traer libros de Estados Unidos, que son muy buenos, pero los procesos metodológicos y flujos de trabajo de estudios como Hollywood, Sony o Pixar no aplican a nuestra realidad. Nosotros buscamos crear un sistema aplicable a nuestra escala, que es más pequeña, más humana, en crecimiento. Aprovechamos las herramientas existentes, las modificamos y optimizamos procesos para trabajar con presupuestos acotados, pero compitiendo igualmente a nivel internacional. No queremos copiar a Pixar; sería ridículo. Queremos presentar historias, narrativas y estéticas distintas.
Ese conocimiento es el que transmitimos a los alumnos: cómo aprovechar al máximo los recursos disponibles. Eso es parte de lo que sentimos diferente en el proceso que se genera en UDLA.