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Egresada de Agronomía de Universidad de Las Américas en 2008, María Francisca Poblete ha desarrollado una trayectoria profesional vinculada a la educación técnico-agrícola, el desarrollo rural y el compromiso con su territorio. Actualmente se desempeña como profesora en el Liceo Polivalente Los Guindos, en la comuna de Buin, donde ha acompañado a generaciones de estudiantes de la mención vitivinícola en un proceso formativo integral que abarca desde el manejo del viñedo de Cabernet Sauvignon plantado en el establecimiento, hasta la vinificación, embotellado y difusión del vino elaborado por los propios alumnos. El año 2025 fue nominada en la categoría Compromiso Comunitario UDLA en la ceremonia de premiación de Egresados Destacados UDLA.

¿Qué significado tiene para ti formar a estudiantes no solo en técnicas agrícolas, sino también en valores como el trabajo en equipo, la responsabilidad y el orgullo por el mundo rural?

Para mí, formar a los estudiantes del Liceo Polivalente Los Guindos va mucho más allá de enseñar técnicas agrícolas o contenidos específicos. Significa acompañarlos en un proceso de crecimiento integral, donde la responsabilidad, el trabajo en equipo y el orgullo por el mundo rural se transforman en herramientas de vida.

En un contexto como el nuestro, donde el territorio y la identidad rural son parte fundamental de la comunidad, educar implica fortalecer la conexión con lo que somos.

Enseñarles a trabajar con profesionalismo, a respetar el entorno, a valorar un oficio digno y a apoyarse entre compañeros es, para mí, tan importante como cada práctica, cada cultivo y cada contenido técnico. Ver que avanzan, que confían en sus capacidades y que se proyectan con orgullo desde su origen rural es lo que más da sentido a mi labor.

Has acompañado a tus estudiantes en todo el proceso vitivinícola, ¿qué aprendizajes personales y profesionales te ha dejado vivir junto a ellos esta experiencia tan completa y transformadora?

Acompañar a mis estudiantes en el proceso vitivinícola completo ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi labor docente. Verlos crecer desde el trabajo en el viñedo hasta la elaboración del vino es, para mí, un recordatorio de que la educación técnica no solo transmite conocimientos: transforma miradas, vocaciones y proyectos de vida.

En lo profesional, trabajar junto a ellos en cada etapa, desde el manejo del viñedo, las decisiones agronómicas, el control sanitario, hasta el embotellado, me ha reafirmado la responsabilidad que tenemos como docentes de conectar la teoría con la realidad. No se trata solo de enseñar cómo se hace el vino, sino por qué cada decisión importa y cómo ese conocimiento puede abrir puertas laborales y proyectos personales.

¿Cómo crees que la educación técnico-agrícola puede convertirse en una herramienta de desarrollo local y de cohesión comunitaria?

Creo profundamente que la educación técnico-agrícola tiene la capacidad de convertirse en un motor de desarrollo local y de cohesión comunitaria, especialmente en territorios como Buin, donde el mundo rural no solo es un espacio productivo, sino también cultural y familiar.

Cuando los estudiantes aprenden desde su propia realidad la escuela deja de ser un lugar aislado y se transforma en un puente entre el liceo, las familias y el entorno agrícola. La educación técnico-agrícola aporta empleabilidad, competencias reales y visión de futuro; pero también refuerza el sentido de pertenencia y la identidad rural.

Mirando tu trayectoria y el reconocimiento como egresada destacada UDLA 2025, ¿qué aprendizajes o valores adquiridos durante tu formación en Agronomía han sido fundamentales para ejercer una docencia comprometida con la sustentabilidad y el servicio a la comunidad?

Recibir el reconocimiento como egresada destacada UDLA 2025 ha sido un momento muy significativo para mí, porque de alguna manera resume el camino que inicié en mi formación como Agrónoma UDLA. Más que técnicas o contenidos, lo que marcó mi paso por la carrera fueron los valores que hoy sostienen mi práctica docente: la mirada de sustentabilidad, el compromiso social y el sentido de servicio hacia las comunidades rurales.

Otro valor fundamental fue entender la educación como movilidad social. Mi formación me enseñó que el conocimiento cambia vidas cuando se comparte, cuando baja al territorio, cuando se vuelve herramienta para quienes más lo necesitan.

Con una vocación docente profundamente arraigada en el territorio, María Francisca Poblete encarna el Compromiso Comunitario UDLA, demostrando que la agronomía también se ejerce desde la educación, el acompañamiento y la construcción de redes locales. Su trabajo cotidiano refleja que formar personas es, al mismo tiempo, una manera concreta de fortalecer comunidades, preservar tradiciones rurales y proyectar un futuro más consciente y sostenible.