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En medio de una etapa histórica donde ha habido que replantearse y reinventar metodologías de enseñanza y relaciones debido a la pandemia mundial causada por el COVID-19, la Facultad de Educación convocó a la segunda sesión del ciclo: “Conversemos: diálogos para estar bien emocional y afectivamente en las comunidades educativas”.

La Decana de la Facultad, Ana Henríquez, dio la bienvenida a este encuentro académico a nombre de las organizaciones organizadoras: la Escuela de Educación Parvularia de UDLA, el Centro de Estudios Latinoamericanos de Educación Inclusiva (CELEI Chile), la Fundación Cultural Yachay (Perú) y UniCatólica (Colombia).

Andrea Figueroa, Directora de la Escuela de Educación Parvularia de nuestra universidad, agradeció a las instituciones latinoamericanas coorganizadoras, afirmando que “este encuentro sin duda va a permitir ampliar y profundizar el campo de experiencia y conocimiento sobre las emociones”.

Como expositor, el invitado en esta oportunidad fue Rafael Bisquerra, presidente de la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar (RIEEB), director del Postgrado en Educación Emocional y Bienestar (PEEB) y del Postgrado en Inteligencia Emocional en las Organizaciones (PIE) de la Universidad de Barcelona (UB).Desde mediados de los noventa se ha centrado en la educación emocional.

Durante los últimos veinte años Bisquerra ha hecho un gran aporte al campo de la educación emocional sobre todo en Iberoamérica, por lo cual su presentación fue una invitación a superar la visión solo tecnológica de la educación y comenzar a pensar desde el marco de las coordenadas intersubjetivas que tienen las comunidades educativas y que hoy día se encuentran tan exigidas en estos tiempos complejos para todos.

El expositor español comenzó explicando cómo en la vida de todos los humanos están presentes los pensamientos, el comportamiento y las emociones. Especificando que el pensamiento se procesa en el cerebro, el comportamiento en el cuerpo y las emociones son la forma como nos relacionamos con el entorno. 

Cuando se activa una emoción hay una respuesta neurofisiológica, cognitiva y comportamental para satisfacer nuestras necesidades y huir de los peligros o dolores.  Por lo tanto, una emoción es una respuesta de todo el organismo, es un cóctail de neurotransmisores y hormonas” precisó Bisquerra.

En el contexto de la comunicación, las emociones son capaces de expresar distintos estados y forman parte del lenguaje no verbal.  Así como se expresan y pueden ser percibidas por otros a través de gestos, muecas o posiciones corporales, nuestro cuerpo también comunica las emociones a través de dolores, malestar y un sin número de enfermedades.

“La investigación científica ha dedicado varios estudios a las influencias recíprocas entre la mente y el sistema inmunitario, endocrino y nervioso en relación con las emociones. Es decir, el sistema inmunitario está conectado con el cerebro emocional, por lo tanto deben saber que en la medida que experimente miedo, preocupación, angustia, usted está secretando cortisol, lo que disminuye las defensas del sistema inmunitario. Por otra parte, en la medida que usted está experimentando alegría, armonía, plenitud, bienestar, humor, etc, está secretando serotonina y otras sustancias bioquímicas, hormonas y neurotransmisores que contribuyen a aumentar las defensas del sistema inmunitarios y por lo tanto prevenir enfermedades”, señaló el expositor.

En el contexto de pandemia, Bisquerra hizo un llamado a los presentes a manejar sus emociones puesto que “los niveles crónicos de ansiedad, ira y depresión se asocian a enfermedades cardiovasculares, endocrinas y respiratorias entre muchas otras, y predisponen al consumo de tabaco, a aumentar la ingesta de alcohol, aumentan la masa corporal y bajan la actividad física. Si en cambio potenciamos las emociones positivas, como esperanza, gratitud, optimismo, amor, diversión, placer, satisfacción, alegría, estamos previniendo enfermedades o acortamos su intensidad y duración. De hecho, hoy existe evidencia que emociones positivas aumentan la longevidad”.

Tras eso, realizó una pequeña actividad con los asistentes, en la que enseñó a tomar conciencia del cuerpo, reparando en lo bien que se siente cada uno y en la importancia de decirnos a nosotros mismos frases positivas. “Haremos en silencio y con los ojos cerrados un recorrido rápido por nuestro cuerpo, generalmente uno solo atiende a los dolores, pero no a las cosas buenas. Si me digo frases positivas como: ¡qué felicidad tomar conciencia de nuestro bienestar, el bienestar de nuestro cuerpo, mente y cerebro! y hago esto a diario, significa que estoy aumentando las conexiones neuronales en el cerebro, secreciones de hormonas y de neurotransmisores, es decir, educo mi salud y contribuyo a mi bienestar. Los invito a hacer consciente el bienestar”.

En el hacer clases esto es muy importante, porque ayuda al florecer, crecer. Es una pena como palabras como amor, bienestar están muy lejos de la práctica educativa. Ánimo a todos los que están dedicados a la práctica de la educación a practicar esto de la educación emocional para hacer posible la convivencia y el bienestar compartido. En un futuro, donde no sabemos qué distintas carreras se van a estudiar, debemos preocuparnos por formar la capacidad de autoconocimiento y autogestionamiento emocional, porque eso es lo más importante para poder convivir y desarrollarse en un mundo tan diverso”, finalizó.

 

 

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