Investigación de UDLA revela que un 44 por ciento de los chilenos reconoce haber aumentado de peso durante la cuarentena por COVID-19

Publicado el 7 de agosto de 2020

La actual epidemia de COVID-19 ha generado variados efectos en la sociedad, por lo que sin duda necesita una mirada y  comprensión oportuna respecto a la salud mental de la población. En este contexto, la dieta ha sido considerada como un factor ambiental determinante, ya que se ha sugerido que el consumo de alimentos “sabrosos”, representa una estrategia para atenuar emociones negativas como la ansiedad.

Por lo mismo, los investigadores de la Facultad de Ciencias de la Salud y Ciencias Sociales de UDLA, Leslie Landaeta-Díaz y Gabriel González-Medina, respectivamente, realizaron un estudio donde analizaron los síntomas de ansiedad y/o anhedonia al patrón de consumo de alimentos durante la cuarentena por COVID-19 en Chile.

El estudio abarcó las respuestas de 1725 personas, quienes respondieron los cuestionarios de Inventario de Ansiedad, Escala de anhedonia (falta o dificultad para sentir placer), un cuestionario de ingesta de alimentos y preguntas según tipo y duración de la cuarentena, además de percepción del cambio del peso corporal y variación de la porción de alimentos.

En relación con el consumo de alimentos, se encontró que el 72,2% de los consumidores de frutas sólo consumen 8,2 porciones por semana, y en el caso de los consumidores de verduras 61,9%, sólo consumen 7,2 porciones por semana. “Esto nos llamó la atención ya que las recomendaciones nutricionales indican que estas deberían ser para el caso de las frutas 3 porciones al día y 2 porciones para las verduras”, manifestó Landaeta-Díaz.

Por otro lado, el 85,5% de los consumidores de pasteles y el 80,0% de los consumidores de pan, comen 5,5 porciones y 9,7 porciones respectivamente de estos alimentos, en promedio a la semana. Esto muestra que la mayoría de los encuestados reconoce un consumo de alimentos poco saludables y altamente calóricos, lo que podría empeorar el estado nutricional de aquellos que ya presentan algún grado de sobrepeso u obesidad, o por otro lado, aumentar los factores de riesgo en personas sanas, asociados a una mala calidad de la dieta.

Desde el punto de vista del tipo de cuarentena, para ambas opciones, voluntaria (70,3%) u obligatoria (23,2%), los mayores porcentajes se concentraron en los aumentos de peso, abarcando valores similares: 40,6% para quienes estuvieron en cuarentena obligatoria y 45,3% para aquellos con cuarentena voluntaria.

Cuando analizamos las variables de percepción de aumento de peso según percepción de nivel socioeconómico, se observa que dentro de aquellos que se perciben de “clase alta”, son los que en mayor proporción mantuvieron el peso corporal. 66,0%. Por el contrario, los participantes que se reconocen en las clases  media y bajas, tienen mayores proporciones de aumento de peso, 49,2% y 43,1% respectivamente.

Síntomas de ansiedad durante la cuarentena

En relación a las estadísticas de las variables psicológicas, encontramos que la ansiedad tuvo un promedio de 16,9 (± 12,1) puntos; esta cifra es llamativa ya que internacionalmente desde los 16 puntos se consideran niveles moderados de ansiedad, lo que quiere decir que afecta de manera importante en la vida de las personas, aunque sin ser incapacitante o un impedimento para realizar sus actividades diarias.

Además, se observa una relación significativa entre los niveles más bajo de ansiedad y anhedonia, donde la mayor parte de los sujetos con menores síntomas de ansiedad, también presentan menor sintomatología anhedónica (51,4%). Por el contrario, en el 50% de los participantes, quienes tenían mayores niveles de síntomas de ansiedad, son también donde más prevalecen síntomas de anhedonia, respectivamente.  Por otro lado, en cuanto a las variables de consumo de alimentos, se observaron relaciones significativas entre el consumo de frituras y la percepción del cambio de peso corporal.

La relevancia de las frituras y el consumo de las verduras

El estudio también da cuenta que aquellos sujetos que consumieron 3 o más veces a la semana una porción de frituras, fueron los que en mayor proporción aumentaron de peso (63,5%), mientras que, la mayoría de los sujetos que reconoce “no consume” frituras fueron los que en mayor proporción disminuyeron de peso (20,7%).

Además, y en este mismo sentido, se observaron relaciones significativas entre las variables consumo de verduras y la percepción cambio de peso corporal. Aquellos participantes que consumieron 2 o más veces al día verduras fueron los que mayormente mantuvieron su peso corporal (44,0%), en cambio aquellos sujetos que reconocieron “no consume” verduras fueron lo que mayormente aumentaron de peso (62,5%).

“Por último, hay que mencionar que hay un doble de personas que subió de peso en el grupo que consume 3 o más veces frituras en comparación a los que reportan que nunca consumen este tipo de alimentos”, agregó González-Medina.

Como conclusiones del estudio realizado, los investigadores de UDLA manifiestaron que “dado el contexto de la pandemia por COVID-19, la muestra de nuestro estudio reveló que la ansiedad y la anhedonia autorreportada se relacionan con el grupo de personas de mayor consumo de fritura. Además, al considerar todas las variables que podrían también estar teniendo una influencia en el aumento de peso, el aumento en la porción, el cambio en la alimentación y el mayor consumo de frituras más frecuente en la semana (2 o 3 porciones o más) fueron los indicadores más influyentes”.

“Sería de interés para la salud pública realizar estudios prospectivos que logren hacer un seguimiento de la población respecto de los cambios tanto de los aspectos psicológicos, como de la selección de alimentos, durante el periodo de confinamiento. Así también analizar cómo, una vez terminada la pandemia, y desconfinada la población, estos cambios se mantienen o generarían una nueva carga de enfermedad, colocando a prueba nuevamente a los sistemas sanitarios y a los equipos de salud. Esta pandemia viene a ofrecer a los gobiernos oportunidades de mejoras en las políticas públicas para generar acciones de tratamiento, seguimiento y promoción en cuanto a la salud mental y nuevas guías alimentarias para la población”, agregaron.

 

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