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Por Mauro Lombardi

Decano

La pandemia nos ha situado en un lugar difícil. Al temor al contagio, el duro confinamiento y la crisis económica, otro desafío también ha tomado lugar: el de la educación. Formar a distancia es complejo. Ha implicado enormes esfuerzos de los involucrados, a fin de no detener el progreso académico de los estudiantes quienes, a su vez, también han debido adaptarse en este tiempo complejo. Y pese al escenario adverso, en general, se ha podido avanzar y progresar. Y aquí quisiera hacer una especial mención al compromiso de los docentes de UDLA. Han demostrado en este tiempo no solo una enorme capacidad de adaptación, sino una vocación por la enseñanza digna de destacar. Una cita de autor desconocido decía que la docencia es la única profesión que crea todas las otras profesiones. Y esto se hace evidente en la universidad. Muchos de nuestros profesores, nacieron en la era preinternet, es decir, no son nativos digitales, lo que hace más valioso aún el trabajo que han debido desplegar para mantener el alto estándar de formación al que aspiramos.

Evidentemente, muchas cosas se han extrañado. El permanente contacto cara a cara, las conversaciones espontaneas que surgen de una clase, el poder palpar la condición personal en que están los estudiantes en un momento dado, son aspectos que no se pueden vivir de igual forma por la red. Pero enfrentados a una realidad insoslayable, se ha avanzado mucho mas de lo que pensamos en un inicio.

Este tiempo nos ha recordado que son los profesores los verdaderos artífices de la formación universitaria. Los docentes en UDLA han mostrado un compromiso real y profundo con los estudiantes. Nuestro país lleva discutiendo más de 10 años acerca de la educación que queremos y necesitamos. Esta pandemia nos volvió a recordar que cualquier reforma debe tener a los profesores en el centro. Son ellos quienes provocan el efecto transformador de un estudiante y quienes sellan a fuego a los futuros profesionales que deberán construir el Chile que viene.

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