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Por Jaime Vatter

Decano

 Estamos ya en la última parte de este primer semestre del año. Ha sido un semestre complejo, lleno de desafíos para todos. La irrupción del coronavirus -COVID-19- a partir de marzo en nuestro país, ha generado un fuerte impacto en todas las dimensiones de nuestra vida. En lo más cercano, hemos tenido que desarrollar nuestra actividad académica –docencia, investigación y vinculación con el medio– de manera remota. Esto ha implicado un gran trabajo para el cuerpo académico y de gestión de la Universidad y, por cierto, para todas y todos quienes estudian en nuestra institución. El esfuerzo, me parece a mí, ha sido encomiable y, por lo mismo, es oportuno agradecer a cada docente y cada estudiante comprometidos con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin perjuicio de lo anterior, también es necesario reconocer que ha habido múltiples dificultades, algunas no resueltas del todo. En este sentido, hago un llamado a que actuemos con confianza y empatía. Cada uno está haciendo su mejor esfuerzo y eso debe reconocerse. Los problemas debemos enfrentarlos de manera coordinada, para lo que una buena comunicación es esencial. Quedan, pues, abiertos los canales de comunicación para enfrentar estas complejidades.

En muchos países del hemisferio norte ya se está planificando el inicio del año académico 2020-2021 de manera remota. Hay universidades que ya han declarado que el período agosto-diciembre 2020 será remoto; otras han declarado que tendrán un retorno gradual a la presencialidad. Con todo, es una realidad que todas las instituciones aumentarán la proporción de clases a distancia. Es decir, aun cuando vuelva la presencialidad este segundo semestre, será necesario dividir los cursos en grupos más pequeños, intercalando semanas de clases presenciales con remotas, etc. Todo apunta a un mayor uso de la tecnología y de nuevas metodologías de enseñanza. Hemos aprendido que la educación remota, en muchas situaciones, funciona bien. En nuestro caso, debemos sacar las lecciones para seguir avanzando en esta nueva forma de enseñar. El desafío es para todos, porque esta consecuencia de la pandemia, será más bien permanente.

También, este nuevo escenario ha obligado a cambiar la forma en que se trabaja en muchos sectores. El teletrabajo o trabajo remoto tiene ventajas en muchos casos, y creo que lo que hemos vivido en estos meses nos ha abierto la mente para detectar estas oportunidades. Sin duda debemos aprovechar este aprendizaje, en todos los casos que corresponda.

Para una facultad que forma personas que trabajarán en distintos ámbitos de los negocios, no puede pasar desapercibido el gran impacto económico que está teniendo la pandemia a nivel global. En Chile, al igual que en el resto del mundo, el confinamiento total o parcial, ha generado que muchas actividades no se puedan realizar o deban hacerlo a una escala muy menor. Todas las actividades asociadas al turismo y el comercio, que son parte de nuestra facultad, así como a la construcción, han sido fuertemente afectadas. Miles de pequeños emprendimientos y negocios han debido cerrar sus puertas. La caída de la producción y el consecuente aumento del desempleo son noticias que impactan y que tendrán efectos duraderos. En este ámbito, la FINE está apoyando en distintos frentes para mitigar este impacto, especialmente apoyando a pequeños emprendedores. También debemos sacar lecciones para nuestro proceso formativo, en que la flexibilidad y la tolerancia a la frustración pasarán a ser competencias muy deseables. Es parte del aprendizaje que debemos hacer.

Finalmente, la crítica situación que estamos viviendo debe incentivarnos a ser mejores, a valorar más lo que tenemos y, especialmente, a quienes tenemos. El desarrollo de las competencias blandas, tolerancia, empatía, capacidad de reinventarse, etc., serán fundamentales para los años venideros. Es nuestra tarea fomentarlas y desarrollarlas en todos quienes conformamos esta facultad.

 

Reciban un cordial saludo.

 

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