Carla Rocco, egresada de la Escuela de Arquitectura de Universidad de Las Américas, cuenta con una trayectoria profesional vinculada al desarrollo de proyectos habitacionales y la gestión pública municipal. Ingresó a la Municipalidad de La Granja en 2010, estuvo durante diez años trabajando en el área de proyectos de vivienda, participando en procesos relacionados con la política habitacional y el acceso a la vivienda social.
Desde 2020 se desempeña como directora de Obras Municipales de Cerro Navia, cargo en el que lidera un equipo de aproximadamente 30 funcionarios y coordina seis áreas de trabajo; Edificación, Inspección y Control de Obras, Alumbrado, Archivo, Catastro y Construcción y Pavimentación.
Su labor comprende la revisión y aprobación de proyectos de construcción, la aplicación de normativas urbanísticas, la fiscalización y la ejecución de iniciativas municipales. Además, desde su experiencia en vivienda y gestión pública, ha impulsado una relación cercana con las comunidades, promoviendo la orientación y el acompañamiento hacia los vecinos en procesos de regularización.
Su trayectoria destaca por integrar la formación técnica de la arquitectura con una mirada social del desarrollo urbano, vinculando la gestión municipal con las necesidades de los territorios y la calidad de vida de sus habitantes.

¿Cómo recuerdas tu paso por la Escuela de Arquitectura y de qué manera crees que tu formación contribuyó a tu desarrollo profesional para asumir el cargo que desempeñas actualmente?
Mi paso por la Universidad fue una experiencia muy positiva, en una época en que las universidades privadas todavía no tenían el mismo reconocimiento que las estatales. Sin embargo, siempre he destacado que Universidad de Las Américas buscaba formar profesionales con las competencias necesarias para desenvolverse y competir en el mundo laboral.
Eso se notaba en distintos aspectos de la formación. Nos preparaban para tener una buena oratoria, presentar proyectos, gestionar iniciativas y trabajar en equipo. No existía solamente la idea de que todos íbamos a egresar para diseñar grandes obras de arquitectura.
Nos mostraban otras posibilidades de desarrollo profesional, como trabajar en instituciones públicas, elaborar proyectos normativos y gestionar iniciativas. Nos preparaban para enfrentar la realidad profesional, más allá de las expectativas que uno puede tener cuando comienza a estudiar. La formación normativa fue particularmente importante.
Desde tu cargo en la Dirección de Obras, ¿qué importancia tiene tu labor para el crecimiento y desarrollo de la comuna?
La Dirección de Obras es el ente técnico que revisa y aprueba los proyectos que se construyen en una comuna. Aplicamos el Plan Regulador, que es elaborado por otras instancias e instituciones, y verificamos que los proyectos cumplan con las normas correspondientes.
Esto permite entregar seguridad a las personas, porque detrás de cada construcción existen exigencias relacionadas con las vías de evacuación, la accesibilidad universal, las zonas típicas y las áreas de riesgo, entre otras.
Cuando una construcción pasa por la Dirección de Obras, debe cumplir con las exigencias que permiten garantizar que existan responsables profesionales y constructivos. Posteriormente, se realiza la recepción final. Sin embargo, muchas personas creen que nuestro trabajo se limita a revisar proyectos de viviendas, y en realidad tenemos muchas otras responsabilidades.
Mi formación en la Universidad fue importante para desempeñarme en este cargo. Tuvimos cinco años de formación relacionada con la construcción, lo que nos entregó una base técnica relevante para comprender los procesos constructivos.
Considerando que debes fiscalizar y aplicar normativas, ¿cómo incorporan las necesidades de los vecinos y las vecinas en el trabajo de la Dirección de Obras?
Buscamos distintas formas de relacionarnos con la comunidad. Esta es una comuna vulnerable, con una alta densidad poblacional y una gran cantidad de construcciones, muchas de ellas irregulares. En ese contexto, salir a fiscalizar esperando que todo esté en orden no es viable.
Las direcciones de obras son unidades eminentemente técnicas y tenemos responsabilidades administrativas importantes. El incumplimiento de nuestras obligaciones puede significar incluso un sumario. Sin embargo, tratamos de incorporar una mirada social en nuestro trabajo.
Coordinamos reuniones con las comunidades y apoyamos al equipo de vivienda del municipio y a DIDECO. Tratamos de acercarnos a los vecinos, ir a terreno, invitarlos a la municipalidad y generar reuniones con los profesionales de otras unidades municipales que también trabajan en proyectos o procesos de regularización.
También hemos trabajado mucho en la atención de público. Los funcionarios tienen la instrucción de recibir a las personas, sentarse con ellas y explicarles los procedimientos. No se trata solamente de entregar documentos o respuestas técnicas.
Incluso adaptamos nuestro lenguaje para que los vecinos puedan comprender lo que estamos explicando. Creo que, considerando la ubicación y las características de la comuna, hemos logrado incorporar bastante bien esa dimensión social.
Has desarrollado buena parte de tu trayectoria profesional en el área de vivienda. ¿Qué significa para ti aportar al mejoramiento de la calidad de vida de las personas desde ese ámbito?
Es lo más gratificante de mi trabajo. Una persona puede esperar diez u once años, o incluso más, para acceder a una vivienda social, considerando todos los procesos de la política pública y la burocracia que existe.
Entiendo la angustia y todo lo que viven las familias durante esos años de espera. Por eso, poder aportar y ser parte de la entrega de una vivienda es muy significativo.
La política habitacional ha cambiado muchísimo. Hoy estamos hablando de departamentos de 58 metros cuadrados, con juegos infantiles, espacios comunes y estacionamientos.
Desde la Dirección de Obras podemos entregar la seguridad de que esos proyectos cumplen con las exigencias normativas, que cuentan con vías de evacuación adecuadas, accesibilidad y profesionales responsables de su construcción.
Después de tantos años trabajando en el área habitacional, siento que también tengo esa responsabilidad, ser parte de la entrega de viviendas que tengan las condiciones necesarias para que las familias puedan llegar y habitarlas sin problemas.
La Escuela de Arquitectura UDLA ha incorporado durante los últimos años el Programa de Intervención Comunitaria, que permite a los estudiantes trabajar con distintas comunidades, conocer sus problemáticas y desarrollar propuestas desde esos territorios. Considerando tu experiencia municipal, ¿qué te parece que la Escuela haya incorporado este enfoque en la formación de sus estudiantes?
Me parece que es una de las decisiones más acertadas que puede tomar una escuela de arquitectura.
Las universidades deben formar profesionales capaces de desenvolverse en la realidad. Cuando comienzas a ejercer, probablemente utilizas una parte de todo lo que significa ser profesional. Sin embargo, es fundamental contar con una base y tener nociones de cómo gestionar y cómo funcionan los distintos procesos.
Me parece increíble que los estudiantes puedan involucrarse en un territorio, conocer un problema real y pensar cómo solucionarlo. También deben aprender a gestionar los proyectos. Presentar una iniciativa no es suficiente, hay que saber de dónde se obtienen los recursos para ejecutarla.
Por eso considero fundamental que los estudiantes conozcan esos procesos y comprendan cómo se desarrolla un proyecto desde sus primeras etapas hasta su ejecución.