La comunicación humano-gato fue el eje de la charla “El observador observado: la comunicación humano-gato”, dictada por Francisca Bertín, académica e investigadora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía de Universidad de Las Américas, en el marco del ciclo dedicado a conocer más sobre los gatos. La exposición abordó, desde la evidencia científica, cómo estos animales perciben a las personas, qué señales utilizan para relacionarse con ellas y por qué conocer su mundo sensorial ayuda a interpretar mejor su conducta.
Derribar mitos para comprender mejor al gato

Bertín explicó que ideas como que los felinos son fríos, rencorosos, interesados o impredecibles responden muchas veces a interpretaciones humanas más que a evidencia científica. “Los gatos están muy atentos a lo que nosotros estamos haciendo, mucho más de lo que nosotros quizás esperamos”, señaló al introducir una idea central de la charla: la interacción entre ambas especies es bilateral.
La académica recordó que los gatos son socialmente facultativos, es decir, tienen la capacidad de vivir de manera social dependiendo de las condiciones y los recursos disponibles. También mencionó estudios en los que la interacción humana compite con el alimento como recompensa, lo que sugiere que el contacto con las personas puede tener un valor relevante para ellos.
Comunicación humano-gato: señales más allá del maullido

Comprender esta relación exige considerar que el mundo sensorial del gato es diferente al humano. Su visión, audición, olfato y tacto captan información que las personas no siempre perciben. Las vibrisas (pelos táctiles altamente especializados), por ejemplo, les permiten detectar movimientos y cambios en el aire, además de entregar información sobre el espacio que los rodea.
“El gato vive prácticamente en un mundo sensorial totalmente distinto al nuestro, por lo cual no podemos esperar que su comunicación sea exactamente igual”, explicó Bertín. Entre gatos, esta comunicación combina señales olfativas, visuales, vocales y táctiles: la posición de las orejas, bigotes y cola, el parpadeo lento, las vocalizaciones, el frotamiento y el contacto físico forman parte de ese repertorio.
Parte de estas señales también se trasladan a la relación con las personas. Durante la charla se revisaron estudios que muestran, por ejemplo, que los gatos pueden acercarse a los humanos con la cola levantada, una conducta social presente también entre individuos de su propia especie. “Es decir, que el gato se ha adaptado para comunicarse con nosotros”, resumió la investigadora.
Mirada, voz y posibles señales de frustración

La exposición también abordó cómo responden los gatos a distintas formas de comunicación humana. En uno de los estudios revisados, los animales reaccionaron mejor ante señales visuales o bimodales que combinan voz y gestos, que cuando la persona solo los llamaba sin mirarlos.
En esas condiciones de comunicación menos claras se observó un mayor movimiento de la cola, interpretado por los autores del estudio como una posible señal de frustración. La observación sugiere que la manera en que una persona se comunica no solo influye en captar la atención del animal, sino que también puede relacionarse con su experiencia emocional.
La charla invitó, a los más de 150 asistentes, a observar esta relación desde ambos lados. Mientras las personas intentan interpretar maullidos, miradas o movimientos de cola, los gatos también siguen nuestras posturas, gestos y respuestas. Comprender este intercambio permite leer con mayor precisión sus señales y evitar atribuirles intenciones humanas que no necesariamente corresponden a su comportamiento.