Gabriel Sgorbini Milosevich es arquitecto titulado de Universidad de Las Américas (2009), con más de 15 años de trayectoria profesional vinculada al diseño y desarrollo de proyectos de infraestructura de gran escala, especialmente en el ámbito aeroportuario. Su vínculo con UDLA se inició tempranamente como ayudante de taller entre 2005 y 2007, para luego desempeñarse como coordinador universitario entre 2010 y 2011.
A lo largo de su carrera ha trabajado en instituciones públicas y oficinas de arquitectura en Chile y Estados Unidos, desarrollando proyectos en la Municipalidad de Cauquenes, BIM S.A., Luis Vidal + Architects y, actualmente, en la firma internacional Populous, donde se desempeña como Senior Architectural Designer en Nueva York.
Su experiencia destaca por su participación en algunos de los principales proyectos aeroportuarios de América. Entre ellos se encuentran el Nuevo Terminal Internacional del Aeropuerto de Santiago, la modernización del Terminal E del Aeropuerto Internacional Logan de Boston, el programa de modernización y renovación de los aeropuertos de Pittsburgh, la ampliación del Aeropuerto Internacional de Pensacola, el desarrollo de la nueva instalación de embarque terrestre del Aeropuerto de San Antonio y la expansión del Terminal de Boise, Idaho.
Actualmente, Gabriel lidera y coordina equipos de diseño para proyectos de aviación de alta complejidad, consolidando una trayectoria internacional marcada por la innovación, la planificación arquitectónica y la mejora de la experiencia de los usuarios en infraestructuras de transporte de gran escala.

¿Cómo ha sido ese proceso de mantener un vínculo con la escuela, primero como estudiante y luego aportando desde distintos roles profesionales y académicos?
Ha sido interesante. Siempre he estado un poco en contacto cuando he podido. En tercer año hice ayudantía y en cuarto también participé como ayudante en algunos cursos de Diseño. Fui parte del proceso de titulación de algunos alumnos de la Escuela de Diseño, como invitado y profesor invitado. También participé en algunas pruebas finales de Arquitectura de algunos estudiantes como jurado. Sí, ha sido todo un proceso.
Desde ahí, obviamente, la coordinación fue interesante porque yo venía de trabajar casi de manera independiente, haciendo coordinación BIM. Apareció esta oportunidad, la tomé y lo pasé muy bien.
Mirando tu trayectoria profesional, ¿qué aspectos de tu formación destacarías? ¿Qué aprendizajes de tus años de estudio te han acompañado y te han ayudado a llegar donde estás hoy?
En ese momento, la Universidad tenía un fuerte énfasis en la parte técnica, lo cual me ayudó a abrir camino en ese sentido.
Obviamente, se esforzaba por desarrollar proyectos coherentes y relacionados con la realidad, sin llevarlos tanto al campo conceptual. Era una formación mucho más aterrizada y creo que eso me ayudó a entender cómo son realmente los proyectos.
Por otro lado, siempre se me dio más fácil el tema del diseño y creo que tuve buenos profesores que me guiaron en ese ámbito: cómo generar un concepto, cómo transmitir una idea, cuáles son los puntos importantes y cuál es la metodología detrás de un proyecto.
Creo que muchas de las cosas que aprendí en la Universidad, que probablemente para algunos no tenían sentido o no les sirvieron, para mí sí fueron importantes. Me ayudaron a establecer criterios, protocolos y formas de desarrollar una idea.
Pero también eso depende de uno. La Universidad te entrega un sílabo, te da herramientas e ideas, pero también depende de cada persona buscar más allá de lo que se le entrega. En mi caso, me permitió desarrollar una forma clara de afrontar proyectos e ideas.

Has participado en proyectos de gran escala, especialmente en el ámbito aeroportuario. ¿Cómo ha sido esa experiencia y qué es lo que te atrae de diseñar este tipo de infraestructura?
Cuando entré a Luis Vidal lo hice como coordinador BIM. Desarrollábamos proyectos aeroportuarios y el equipo de diseño ya estaba conformado. Sin embargo, había distintos aspectos que requerían desarrollo, como los interiores, los halls, las salas de espera o las puertas de embarque.
Fue ahí cuando empecé a involucrarme más en el diseño y pensé, “esto me gusta”.
Me interesa cómo se mueve la gente en estos grandes edificios y cómo lograr que espacios tan extensos tengan una experiencia distinta para quienes los utilizan. Más adelante, por distintas circunstancias, tuve la oportunidad de integrarme al equipo de diseño del aeropuerto de Boston. Participamos en la competencia y ahí se me abrió una puerta importante.
Después de ocho años trabajando en este ámbito, me di cuenta de que esto era lo mío. Me convertí en un especialista en aeropuertos, entendiendo cómo se desarrollan estos proyectos, cuáles son sus desafíos y qué aspectos hay que considerar.
Además, he tenido la oportunidad de diseñar aeropuertos que hoy están construidos. Ya no se trata solo de una idea o de un concepto, sino de ver el proyecto materializado, habitado y funcionando, con resultados positivos.
Cuando ves estas obras ya construidas y piensas “esto es lo mío”, ¿qué sensación te produce saber que fuiste parte de su diseño y desarrollo?
Sí, siempre es una muy buena sensación saber que el proyecto está construido, que está ahí y que las personas lo están viviendo y utilizando.
Obviamente, cuando entro a un aeropuerto, también pienso en todo lo que hubo detrás para llegar a ese resultado. Y, como ocurre con cualquier proyecto, siempre aparecen cosas que uno revisaría o haría de otra manera. Es inevitable pensar: “Esto podría haber sido distinto”.
Pero, más allá de eso, me siento orgulloso. Orgulloso de haber participado en el desarrollo de proyectos de gran escala y de ver cómo esas ideas finalmente se convierten en obras reales.
