Inicio » Universidad de Las Américas propone nuevo modelo de formación para Obstetricia

Ante la disminución de las tasas de fecundidad y natalidad, la creciente complejidad del rol profesional, las transformaciones epidemiológicas y las restricciones pospandemia en los centros de formación clínica, un equipo investigador de Universidad de Las Américas (UDLA) desarrolló una propuesta de formación práctica progresiva, considerando que los factores antes señalados ameritan reconsiderar los paradigmas tradicionales de la educación clínica para asegurar una trayectoria académica coherente.

El modelo diseñado en la investigación “Progresión clínica innovadora para la formación de matronas: El modelo de educación clínica en un nuevo escenario sanitario” representa una estrategia educativa relevante en respuesta a las transformaciones demográficas y sanitarias que actualmente afectan a la matronería en Chile, el cual detalla que “la propuesta integra el marco normativo establecido por el Código Sanitario de Chile, el Perfil de Egreso de la carrera de Obstetricia y Puericultura, y la evidencia disponible en educación clínica”.

Maricela Pino, Directora de Escuela de Obstetricia y Puericultura UDLA, señala que el estudio “destaca el aprendizaje en espiral, la práctica deliberada, la simulación clínica progresiva, la educación interprofesional, la evaluación auténtica mediante instrumentos validados y la reflexión metacognitiva como estrategia para consolidar el aprendizaje”.

“El propósito es asegurar que los estudiantes de Obstetricia alcancen los resultados de aprendizaje definidos en el Perfil de Egreso, incluso en contextos donde las oportunidades de formación clínica son limitadas”, explica Pino, quien añade que “el artículo examina los desafíos derivados de la sostenida disminución de la tasa global de fecundidad en Chile y la consiguiente reducción de experiencias clínicas obstétricas directas, lo que exige la implementación de estrategias pedagógicas que aseguren experiencias de aprendizaje significativas incluso cuando la disponibilidad de campos clínicos es limitada”.

El artículo fue desarrollado por la académica Rita Avendaño, junto a un equipo de docentes e investigadoras de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de UDLA, Maricela Pino, Cinthya Alfaro, María José Benavides, Catalina Ureta y Karen Pavez.

Presión sobre modelos tradicionales

Tras mencionar las profundas transformaciones que experimenta la educación en salud debido a la complejidad de la atención sanitaria, los cambios demográficos, las transiciones epidemiológicas y la expansión de los derechos sexuales y reproductivos, el estudio —que aborda el modelo de educación clínica en este  nuevo escenario de salud— postula que “estas dinámicas exigen profesionales capaces de integrar conocimientos científicos actualizados, habilidades técnicas, competencias comunicacionales y la capacidad de trabajar colaborativamente en equipos interprofesionales dentro de entornos clínicos cada vez más complejos”.

Recuerda luego que las matronas son profesionales con responsabilidades directas en la provisión de atención integral a las personas, lo que requiere una formación rigurosa y ética, alineada con estándares contemporáneos de calidad y seguridad del paciente, en un ejercicio profesional que está regulado por el Código Sanitario de Chile. Expresa, asimismo, que la reducción sostenida de la tasa global de fecundidad, de 1,03 nacidos vivos por mujer (INE, 2024) está muy por debajo del reemplazo generacional de 2,1 nacidos vivos por mujer. Dicha tendencia demográfica ha disminuido las experiencias clínicas obstétricas directas para estudiantes en formación, lo cual se suma a las restricciones a centros de formación clínica, todas condiciones que “limitaron las oportunidades de aprendizaje en entornos clínicos reales, reforzando la necesidad de fortalecer estrategias pedagógicas estructuradas y seguras”, se indica.

Por ello, enfatiza el equipo académico, el desafío de la formación en matronería involucra a la reducción de experiencias clínicas obstétricas directas, una creciente complejidad del rol profesional y requisitos contemporáneos de seguridad del paciente, que ejercen presión sobre los modelos tradicionales de enseñanza que dependen de la exposición directa, pudiendo comprometer la adquisición consistente de competencias esenciales.

En respuesta a este escenario, UDLA participa del Centro de Educación Clínica Avanzada (CECA), iniciativa interinstitucional orientada a fortalecer la formación clínica de estudiantes de carreras de la salud en las universidades de Las Américas y Andrés Bello, y el Instituto Profesional AIEP. Por el momento está implementando las metodologías asociadas a CECA en los Centros de Educación Clínica Interdisciplinaria (CECI), en sus dependencias institucionales, mientras que el edificio CECA se encuentra en construcción.

El estudio pone énfasis en que el desarrollo de una trayectoria formativa estructurada como la planteada “fortalece la coherencia curricular y promueve el desarrollo progresivo de competencias profesionales en un entorno sanitario dinámico”. Además, destaca que “el modelo se proyecta como una propuesta educativa estructural alineada con los desafíos contemporáneos de la salud sexual y reproductiva, contribuyendo a la formación de profesionales capaces de desempeñarse con juicio crítico, competencia técnica y compromiso ético en diversos contextos de atención en salud”. También explicita que CECA operacionaliza metodologías alineadas con los modelos internacionales de educación clínica avanzada y que están sistematizadas en la Guía de Métodos y estrategias Educativas Distintivas aplicadas en educación clínica UDLA.

Cultura de seguridad del paciente

El estudio sostiene además, que el fortalecimiento de la cultura de seguridad del paciente es un pilar de la educación sanitaria a nivel mundial y que, por ello, la formación en obstetricia no puede limitarse a la adquisición de habilidades técnicas, sino que debe incorporar principios de seguridad, comunicación efectiva, trabajo en equipo y toma de decisiones en contextos de incertidumbre. “El amplio alcance de la profesión también está vinculado al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos como componentes esenciales del bienestar y la equidad en salud, esto implica que la formación profesional debe integrar un enfoque biopsicosocial, sensibilidad cultural y perspectiva de género, de forma coherente con el perfil de egreso del programa y con las prioridades globales en educación y salud”, explica Maricela Pino.

Hace referencia, igualmente, a que en tanto se observa menor frecuencia de atención obstétrica directa en centros de salud, simultáneamente existe una expansión y diversificación de áreas relacionadas con la salud sexual y reproductiva integral, la atención del climaterio, la salud ginecológica, la ginecología oncológica, la educación sexual integral, la fertilidad y la anticoncepción, la salud sexual masculina, el apoyo en situaciones de violencia y la promoción de derechos con enfoque comunitario. En opinión de las académicas de UDLA, este cambio requiere replantear los modelos tradicionales de formación centrados en la exposición repetida al parto y a los procedimientos obstétricos y concluyen que “la educación contemporánea debe considerar no solo la frecuencia de los casos clínicos, sino también la complejidad de las situaciones, la variabilidad epidemiológica y la necesidad de desarrollar competencias que sean transferibles a múltiples contextos profesionales”.

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