Glenda Azcárate es constructora civil y licenciada en Ciencias de la Construcción de Universidad de Las Américas. Su trayectoria destaca en la ejecución y administración de obras de infraestructura pública de alta complejidad, participando en proyectos como líneas de metro, edificios del Poder Judicial, universidades y recintos deportivos.
Ha desarrollado funciones en gestión de calidad, medioambiente, relaciones con la comunidad y administración de contratos, combinando una sólida base técnica con formación en metodologías como BIM y el manejo de herramientas especializadas, junto a competencias en liderazgo, trabajo en equipo y gestión en entornos exigentes.

¿Cómo fue tu paso por la Universidad de Las Américas?
Comencé mis estudios en UDLA y egresé como constructora civil el año 2016. Mi experiencia fue muy positiva. Uno se siente un poco perdido, pero los profesores eran cercanos y muy buenos en lo que hacían. Te reciben y te acompañan en ese proceso inicial, como cuando uno llega sin saber bien qué hacer.
Durante toda la carrera me sentí apoyada. Cursé primero el técnico y luego seguí con la continuidad de estudios. Siempre fue como llegar a una segunda casa. Más allá de las exigencias académicas, los ramos y las materias, el ambiente era muy grato. Hasta hoy, cuando me preguntan dónde estudié, lo digo con orgullo.
Aquí aprendí el concepto del “buen construir”, algo que se me quedó grabado desde el primer día. Recuerdo claramente cuando José Ignacio Torres, Director de la Escuela, habló de esto, y desde entonces ha sido una guía constante en mi desarrollo profesional.
¿En qué proyectos trabajaste en Chile?
Estuve en la construcción de la línea 6 del Metro, trabajé en los polideportivos del Estadio Nacional para los Juegos Paralímpicos, y también en empresas vinculadas a la industria de materiales de construcción, donde estuve varios años.
¿Cómo fue aplicar lo aprendido en la Universidad en estos trabajos?
Gran parte de lo que aprendí lo aplico en el trabajo. Sin embargo, en Chile todavía existe una forma de construir algo tradicional en ciertos procesos. Si bien ha habido avances importantes en modernización, aún queda camino por recorrer. Hoy, por ejemplo, las nuevas tecnologías como BIM han permitido mejorar mucho los procesos.
Al principio, adaptarme no fue fácil, sobre todo porque trabajaba en una constructora extranjera con sus propias normativas, y había que ajustarlas a la realidad chilena. Fue un proceso complejo, pero con esfuerzo logramos sacarlo adelante.

¿Cómo llegaste a trabajar en el Metro de Londres?
Mi experiencia en proyectos de Metro en Chile fue clave. Eso, sumado al manejo del inglés, me abrió la oportunidad de integrarme a una empresa internacional y participar en este proyecto. Hablar inglés es fundamental para quienes quieran trabajar en el extranjero, incluso un nivel básico puede marcar la diferencia.
Para mí ha sido un privilegio formar parte de una obra de esta envergadura, que no solo incluye la construcción de líneas de metro, sino también carreteras y túneles. Es un proceso exigente, pero que se va asimilando con el tiempo. Llegué gracias a la recomendación de un jefe que tuve en Chile.
¿Dónde se ubica el proyecto?
La base está en Londres, donde se encuentra la central de trenes, pero el proyecto se extiende hacia otras ciudades en expansión. Incluye tramos subterráneos y otros elevados, aunque estos últimos se diseñan de manera que no afecten la estética urbana. También contempla cruces sobre ríos y grandes extensiones abiertas.
Tiene una duración aproximada de cinco años. Luego vendrán nuevas etapas, con ampliaciones y construcción de carreteras estatales, que en ese país no son concesionadas. Son autopistas amplias, bien controladas en velocidad y muy eficientes en términos de flujo.

¿Cómo compararías el Metro de Santiago con el de Londres?
Son bastante comparables. El Metro de Santiago es motivo de orgullo, es moderno, eficiente y bien cuidado. En Londres, en cambio, hay infraestructuras más antiguas que están en proceso de modernización. Por ejemplo, todavía existen líneas operadas manualmente y con menos automatización que en Chile.
De hecho, nuestro metro no tiene nada que envidiar a sistemas de Estados Unidos o Europa; es uno de los mejores, especialmente en Sudamérica.
¿Cómo compararías la construcción en Chile con la de Inglaterra?
Más que diferencias en infraestructura, que son bastante similares, la principal diferencia está en el uso de tecnologías. Por ejemplo, allá se utilizan sensores para monitorear el comportamiento del hormigón o herramientas como BIM para anticipar problemas en obra. En Chile recién se está implementando de manera más generalizada.

¿Qué consejo le darías a quienes estudian Construcción?
Que si realmente les gusta, estudien y se capaciten constantemente. La construcción evoluciona muy rápido, y es fundamental mantenerse actualizado en nuevas tecnologías, ya sea a través de cursos, diplomados o postgrados.
También es clave aprender otro idioma, porque abre muchas puertas. En lo personal, el inglés ha sido determinante en mi carrera.