En 2008, un joven profesor de animación 3D de UDLA tenía en mente desarrollar una serie animada dirigida al público preescolar. Para concretar este proyecto, comenzó a buscar apoyo institucional y financiamiento que le permitieran llevar la idea a la pantalla.
Con este sencillo apoyo comenzó a gestarse el vínculo entre UDLA y el estudio de animación Punkrobot, una relación que con los años ha contribuido al desarrollo de nuevas generaciones de profesionales de la animación, incorporando tecnologías de vanguardia en los procesos formativos.
¿Cómo comenzó el vínculo entre la Escuela de Animación UDLA y el estudio Punkrobot?
Cuando Gabriel y Pato me presentaron la maqueta de “Flipos”, me di cuenta de inmediato de que se trataba de un buen proyecto, distinto a lo que se estaba haciendo en ese momento. Tenía un enfoque interesante y un potencial que valía la pena impulsar.
La idea de llevar contenidos preescolares a la pantalla me parecía una contribución importante. Permitía que niños que no tenían acceso a jardines infantiles pudieran acercarse a estos aprendizajes a través de la televisión.
Cuando el proyecto finalmente se adjudicó el fondo, recibieron la oferta de instalarse en la Universidad y decidieron quedarse. Curiosamente, ese ofrecimiento no estaba en la maqueta ni en la descripción original del proyecto, surgió de manera espontánea durante las conversaciones. Sin embargo, ese gesto marcó el inicio de una relación de compromiso que se ha mantenido hasta el día de hoy.
¿Cómo influye la relación con Punkrobot en la formación de los estudiantes de animación?
Existía una gran distancia entre el mundo académico y teórico, a la realidad del mercado laboral. Esa experiencia nos llevó a replantear el modelo formativo y a pensar en una relación más directa con la industria. En ese momento, la animación en Chile aún tenía muy poca producción, pero ya se veía el potencial de la tecnología 3D y de las herramientas digitales.
En ese contexto, la presencia de un estudio de animación como Punkrobot nos permitió fortalecer ese vínculo entre formación y práctica profesional. Pato y Gabriel, además, son académicos de la escuela, lo que ha facilitado un trabajo conjunto en la actualización de contenidos y metodologías.
Pero más allá de los premios, lo realmente importante es la relación que se ha construido. No se trata solo de que los estudiantes realicen prácticas o de compartir equipamiento, sino de un diálogo permanente en torno a decisiones académicas, metodologías y desarrollo profesional. Siempre estamos reuniéndonos, conversando y buscando lo mejor en cada área.
¿Cómo los reconocimientos a Punkrobot han permitido una mayor visibilidad de la animación nacional?
Durante mucho tiempo la animación casi no existía como disciplina en el país. Hoy se reconoce como un arte propio, que requiere dedicación, investigación y desarrollo.
Ese proceso se está viviendo en muchas partes del mundo, y también en Chile. Hoy vemos que estudiantes que comenzaron hace años en la carrera están trabajando en distintas áreas, dentro y fuera del país, e incluso participando en proyectos internacionales.
La idea es que cada año puedan surgir nuevas producciones y nuevos talentos. Que quienes están comenzando puedan ver que existe un camino posible. Porque la animación no es solo una disciplina académica, también forma parte del mundo real y de la industria cultural.
¿Cuál es la mirada para el futuro de la animación?
El desafío es seguir impulsando la animación para que los futuros profesionales que estamos formando puedan desarrollarse plenamente en esta área. En 2010, Patricio Escala fue uno de los fundadores de la Asociación Chilena de Profesionales y Productoras de Animación (ANIMACHI), creada con el objetivo de fortalecer la industria de la animación en el país. Desde entonces, la asociación ha trabajado constantemente por lograr un mayor reconocimiento para el sector y por mejorar las condiciones de financiamiento para sus proyectos.
Nuestra aspiración es que cada año puedan realizarse nuevas producciones de animación en Chile y que los talentos que hoy se están formando encuentren en ellas un espacio donde desarrollarse profesionalmente. En ese sentido, el trabajo que impulsa ANIMACHI es fundamental para seguir consolidando la industria.