Inicio » Del aula escolar a la formación universitaria: el inspirador retorno del egresado Álvaro Rodríguez como académico y tutor UDLA

Álvaro Ignacio Rodríguez Navarrete, egresado de la carrera de Pedagogía en Educación Básica (mención en Lenguaje y Comunicación), se ha consolidado como un referente de liderazgo, gestión educativa y compromiso con la equidad social en contextos escolares vulnerables.

Titulado en el año 2017, su carrera profesional está marcada por importantes hitos. Sus primeros años de trabajo los dedicó a la docencia en aula en el primer ciclo básico, donde implementó planes de apoyo enfocados en la lectoescritura.

Posteriormente, asumió como jefe de la Unidad Técnica Pedagógica (UTP) e integrante del equipo directivo de la Corporación Educacional San Fidel, en la comuna de Renca. Desde este cargo, ha impulsado una gestión de puertas abiertas, articulando alianzas estratégicas con el municipio y empresas del sector privado para enriquecer la experiencia formativa de los estudiantes a través de talleres deportivos, artísticos y programas de educación ciudadana.

En paralelo, Rodríguez mantiene un estrecho vínculo con su casa de estudios. Desde agosto de 2022 se desempeña en UDLA como tutor académico, tutor de prácticas y docente de diferentes asignaturas de la carrera. Asimismo, ejerce como asesor de egresados y empleadores e integra el comité de autoevaluación de la Escuela de Pedagogía en Educación Básica. Desde este rol, trabaja activamente en potenciar el modelo formativo basado en la práctica y en fortalecer la inserción laboral de las nuevas generaciones de docentes.

¿Cuáles son los principales hitos de tu trayectoria o dónde sientes que has causado mayor impacto en el ejercicio profesional?

Cuando partí trabajando… hice clase en primero básico y ese fue un desafío bastante importante. De hecho, yo siempre he creído que un profesor de Básica tiene que pasar por primero básico sí o sí, que es la base de todo nuestro ciclo.

El otro, cuando hice mi continuidad de estudios, cuando yo egresé, dije: «En 5 años más tengo que tener el magíster, tengo que tener un cargo directivo e idealmente hacer clases en la Universidad», y lo logré.

También, cuando entré a trabajar al colegio donde soy jefe de UTP. Es una escuela donde me he podido desarrollar plenamente, donde he podido ejecutar ideas con buenos resultados, no sólo desde lo pedagógico, sino también desde lo social, desde lo deportivo, artístico.

Y, finalmente, el hecho de trabajar acá en la Universidad creo que para mí ha sido fantástico porque me abrió un mundo completamente distinto. Siento que puedo mirar la educación desde distintas perspectivas y creo que eso es un plus.

Sobre los resultados de los que me hablabas, ¿cuál consideras que es más relevante?

Como somos una escuela con muy poquitos recursos, hemos logrado afianzar relaciones, especialmente con la municipalidad de Renca, que tiene un programa de trabajo con las escuelas particulares subvencionadas. Considerando que ya no son municipales, ellos se enfocaron, desde la oficina de la niñez, a apoyarnos. Entonces tenemos una serie de trabajos bilaterales de talleres deportivos, artísticos, sociales, que involucran no solo a los niños, sino a la familia completa.

¿De qué manera la formación recibida en UDLA aportó a este desarrollo profesional del que me hablas o a tu trabajo actual como docente?

Siento que esta universidad apunta a un segmento de la población que es mayoritario. Entonces, desde esa lógica, el aporte es fundamental. El modelo de formación nuevo, basado en la práctica y con centralidad en los estudiantes, tiene una profunda conexión con la realidad. Yo creo que ahí UDLA me hizo un gran aporte en mi pregrado y lo está haciendo ahora también ya como académico adjunto.

¿Sientes que hay algún momento de tu carrera que marcó un antes y un después?

Desde que asumí la UTP y entré a esta universidad, todo ese proceso para mí es el hito más importante hasta ahora. Mi hambre intelectual aumentó.

¿Has visto cambios en en la trayectoria de los estudiantes con los que te vinculas desde que tú los recibes hasta que se convierten en profesores ?

Yo siento que hemos logrado hartas cosas bien significativas, pero muchas veces tiene que ver más allá del resultado de la nota; con lo socioemocional, con la ratificación de la, entre comillas, «vocación» de pedagogía.

De hecho, me acuerdo de una estudiante que yo recibí el primer año que entré, en el que yo fui tutor de práctica… Tiempo después me volví a encontrar con ella en cuarto año —le hice clases en segundo y en cuarto— y ella mencionó, no a mí sino a una colega de acá, que claro, ella estaba muy desmotivada, pero que al verme a mí volvió su vocación por la pedagogía. Quizás suena un poco autorreferente, pero es un hecho, y eso a mí evidentemente me ratifica.

Para ti, ¿cuál sería el punto de partida para un profesor novel para enfrentar la realidad docente?

Yo creo que la humildad de observar y escuchar. No llegar con la lógica de que «yo me la sé todas porque acabo de salir y los profes antiguos son malos». Yo creo que hay que escuchar, observar, aprender e involucrarse.

¿Qué mensaje le darías a los estudiantes de Pedagogía en Educación Básica?

Que se atrevan a innovar, que no pierdan el foco del respeto a la persona humana. Que independientemente de las adversidades que se puedan encontrar, tanto en su proceso formativo como ya en el desarrollo profesional, que siempre estén abiertos a aprender.

Los profesores y profesoras jamás debemos dejar de estudiar.

Con una destacada vocación orientada al trabajo colaborativo, la empatía y la dignificación del rol del profesor, Álvaro Rodríguez Navarrete representa fielmente el sello UDLA, aportando con humildad, rigor científico y una alta sensibilidad humana al desarrollo de la educación en el país.

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