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El estrés es un proceso fisiológico que desencadena una respuesta automática y adaptativa frente a situaciones que provocan una emoción negativa o suponen una amenaza. Cuando esta respuesta se mantiene, por cualquier razón, los sistemas pueden afectarse patológicamente y una situación que comenzó como algo puntual, rápidamente, podría transformarse en algo crónico, provocando cambios estructurales y funcionales en diferentes sistemas de nuestra mascota.

De acuerdo con lo que explica la académica de la Escuela de Medicina Veterinaria, Carla Isla, existen múltiples causas que ocasionan el estrés, entre las más importantes se encuentran las situaciones impredecibles, los cambios sociales y la exposición constante a situaciones que llevan a frustración o conflicto.

“Los signos o señales que pueden manifestar son variados, entre ellos, disminución de peso, hiperactividad, aparición de movimientos repetitivos, jadeo excesivo, pérdida de pelo y cambios de comportamiento. En gatos las señales suelen ser más sutiles, por ejemplo, mostrar un comportamiento defensivo, huir o esconderse, evidenciar un comportamiento obsesivo, cambios conductuales y problemas patológicos repetitivos”, explicó.

Isla, señaló que algunas de las recomendaciones para evitar el estrés son respetar el espacio dentro del hogar y los espacios de exploración, cubrir sus necesidades básicas (alimentación, salud, sueño, seguridad, juego y vínculo), evitar situaciones reconocidas como conflictivas y utilizar el refuerzo positivo, premiándolo con caricias o snacks por sus buenas conductas.

Ahora bien, si la mascota ya se encuentra con estrés la recomendación más importante es consultar a un médico veterinario, especialista en Etología, que pueda realizar una evaluación completa y exhaustiva, pues muchos de los signos mencionados pueden también representar otras patologías, por lo que la solución será un diagnóstico y tratamiento adecuado”, precisó la profesional.

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