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El Programa de Intervención Comunitaria organizó el conversatorio “Participación de las mujeres en ollas comunes: práctica de continuidad, ruptura y transformación”, actividad que tuvo como fin el intercambio de saberes y reflexiones en torno a la participación de las mujeres en las ollas comunes en la actualidad y cómo han surgido procesos de rupturas, continuidades y transformaciones con experiencias similares vividos en los años 80’ en nuestro país.

Las palabras de inicio estuvieron a cargo de Isabel de Ferrari, Directora del Programa de Intervención Comunitaria, quien brindó una reflexión sobre el rol de las mujeres en las ollas comunes y cómo su presencia en esta actividad se ha mantenido a lo largo de los años: “Hoy estamos ante una ausencia del Estado en cuanto a bienestar social, que se ha dedicado a generar una visión falsa de la realidad para hacer un dominio de la fuerza social de las personas. ¿Qué vuelve a emerger en ese escenario? Las ollas comunes, los grupos de mujeres y de salud que tomar el cuidado del territorio”.

De Ferrari agregó que “hoy tenemos la oportunidad y el desafío de que no sea una capacidad creativa que se nos quede en el momento de la crisis de nuestra sociedad, sino que sea una capacidad creativa que permita construir una sociedad distinta”.

Una de las primeras invitadas en compartir su experiencia fue Susana Hernández, dirigente de la Villa O’Higgins de la comuna de La Florida. “El hambre no puede esperar por lo tanto la auto organización es fundamental. Reunimos a la comunidad alrededor de las ollas comunes en diferentes casas, iglesias, centros deportivos, ONG y solucionamos el problema de inmediato porque tenemos una escuela de año”, comenzó explicando.

El hambre provoca mucha amargura en las familias más humildes; el daño no es solo sentirse con hambre, sino que también es psicológico y físico. Tuvimos ocho ollas comunes y diariamente repartíamos mil 500 raciones a nuestros vecinos”, agregó Hernández.

Por su parte, Gladys Herrera, vecina de la población Pablo Neruda de la comuna de Huechuraba, afirmó críticamente que “una caja de mercadería no mantiene a una familia, para mi es una burla. En los peores momentos de la pandemia nosotros teníamos 13 ollas comunes activas, lo cual sacó en algunos casos lo mejor de los vecinos. puesto que fueron muy solidarios. Mi experiencia ha sido muy bonita y emotiva, lamentablemente uno quisiera dar mucho más, pero el miedo a contagiarte y el sistema en que estamos inmersos es bien complejo”.

 

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