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El Decano de la Facultad de Ciencias de la Salud, Osvaldo Artaza, es uno de los autores de la investigación “Formación de recursos humanos para la salud universal: acciones estratégicas desde las instituciones académicas” publicada en la Revista Panamericana de la Salud.

Este artículo, producto del diálogo de académicos de diversos centros universitarios de América, reflexiona y enfatiza cuatro dimensiones esenciales en el desafío de avanzar hacia la materialización del derecho a la salud para todos: la planificación, la formación interprofesional, la misión o responsabilidad social de los centros formadores y el uso de modelos de docencia-servicio-investigación.

Con respecto a la planificación, el documento afirma que “para avanzar hacia la salud universal es necesario reducir las desigualdades, y para ello se requieren, además de las definiciones políticas, financieras y de los modelos de atención, análisis detallados sobre la disponibilidad y distribución del personal sanitario en cada país. También se requiere usar métodos prospectivos que incorporen el comportamiento a largo plazo de variables que afectan la oferta y demanda de los diferentes tipos de personal para una planificación estratégica y racional, que la autoridad sanitaria debe realizar dialógicamente con las personas y sus comunidades”.

Sobre la formación interprofesional, la investigación manifiesta que “la experiencia internacional muestra que las capacidades para actuar interdisciplinariamente, es particularmente útil para hacer frente a la carga de morbilidad por enfermedades no transmisibles y para mejorar la atención quirúrgica, la atención domiciliaria de pacientes y la seguridad del paciente; la simulación clínica puede facilitar el aprendizaje en equipo”.

En tanto, sobre la misión social explícita de las instituciones académicas, Artaza junto a los otros académicos sostienen que “las escuelas de ciencias de la salud deben llevar a cabo su práctica docente, de investigación y servicio en función de las necesidades prioritarias de salud de la población y que estas sean identificadas en conjunto con ellas. Ello implica que las escuelas sean sensibles a las necesidades sanitarias de la población, se involucren con ella, desarrollen proyectos docente-asistenciales en la comunidad, formen personal proveniente de los grupos de mayor rezago social para contribuir a su desarrollo y participen activamente en reducir las inequidades en salud”.

Para finalizar, analizan los modelos emergentes para capacitar nuevos perfiles profesionales: “Los nuevos modelos pedagógicos deben considerar los nuevos escenarios sanitarios y deben desarrollar competencias profesionales que contribuyan a ejercer la profesión sanitaria de manera comprometida con las necesidades sociales. Esto será posible en la medida que se incorporen a dichos modelos la educación interprofesional y la responsabilidad social, además de la excelencia académica”.

Como conclusión, la investigación afirma que “la formación y el desarrollo del personal sanitario como agente de cambio para transformar los sistemas de salud hacia la salud universal representan, sin duda, un gran desafío. En ese sentido es necesario que las universidades, renovando su compromiso con la sociedad, contribuyan también desde una dimensión sociopolítica y en forma participativa a la transformación social para “construir la salud”, y desde una dimensión técnico-formativa a cambiar las prácticas tradicionales y promover la educación interprofesional, lo que obliga a utilizar nuevos paradigmas educativos para la formación integral de los profesionales de salud que requiere el siglo XXI”.

Para revisar en detalle la investigación, pincha aquí.

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